Milanesa al whisky


1) Rosario, en una esquina céntrica en un bar de cuyo nombre no quiero acordarme cuadro mi retorcida anatomía en el marco de la puerta, saludo al mozo y sin retroceder en el tiempo, sincronizo mentalmente ambas líneas temporales, aquella que contiene y vibra con la identidad del lugar y la mia propia (sin ninguna armonía) para constatar las mellas, fallas y daños que hemos registrado, las dos entidades, en todo este intervalo. Todo se puede reducir y representar en la forma de una onda, volver no es más que, como un lobo retrasado, sentarse sin permiso en el foro y empezar de nuevo a aullar el viejo canto del clan.
Cruzo el umbral y me pido una milanesa con fritas y un sifón de soda por el simple hecho de carecer, el establecimiento, de agua mineral gasificada que es negada por el mozo con gesto despreciativo. Me imagino la cadena completa, un taller con dos tanques Ethernit, la camioneta sin cinturones de seguridad, los cajones, los billetes doblados. Si hubiera piso de tierra le daría un sifonazo limpiador para purgar conductos.
Toda descripción debe incluir una enumeración de la fauna humana que resumiremos en este breve pero característico grupo: dos jóvenes estudiantes de psicología y dos veteranos pelados de pelo largo con más hambre físico que intelectual haciendo comentarios existencialistas de dudosa gracia.
La milanesa es una lámina aplastada de proteínas y sin el medio limoncito sería intragable, pero me la mando con ganas. De la calle entra un gorrión caradura y se posa en una especie de falso reloj cu-cú cubierto de grasa. Al reloj le falta un cucú detrás de la puertita falsa y el gorrión sin sospecharlo acaba de recibir pasaporte austríaco. Apenas se vacía la mesa psicológica el gorrión, sin ningún miedo baja y, con la prudencia de un gato, limpia la mesa de migas. El ventilador cubierto de pelusa no afecta las propiedades aerodinámicas del ave ni su capacidad de maniobra a baja velocidad y vuelo rasante.
Sobre la puerta del baño dos láminas Fontanarrosa originales con Inodoro y la Eulogia ni montan guardia ya impregnados de mugre.
Hago la obvia seña del café y de la cuenta casi al mismo tiempo y soy comprendido sin dudar, me dicen maestro, pago con gesto de guapo y salgo al ruido de la calle como si fuera el rey del mundo.


2) Está mal pedir dulce de leche y kinotos al whisky?

8 comentarios:

Tamara dijo...

Todo depende del lugar... :)

María Inés dijo...

gorrion caradura!! jajaja
muy buenas las cronicas rosarinas!!
saludos!

Malen dijo...

Siempre me han gustado esos bares con fauna extrania, lo que es una pena es lo de la milanesa y Fontanarrosa. Pedi mucho dulce de leche, no me gustan los quinotos al whisky. Un beso

El Gato dijo...

Tenia ganas de levantar un poco el animo y me vine para tu casa.
Mi tio, rosarino de nacimiento fue uno de los mas grandes boxeadores argentnos. Guapo entre los guapos. El tio Guillermo se cagaba a trompadas con el Mono Gatica y el loco Prada. Llego a ser campeon argentino y peleo en los EEUU. Y era rosarino... pero fue el quien me enseno que no habia nada mas igual a un rosarino que un uruguayo. Tu relato lo senti tan pero proximo que podria ocurrir tanto en Rosario como en un boliche de la Ciudad Vieja montevideana. La imagen del gorrion, bandido, encarador... limpiador de mesas... no podia ser mejor. Te mando un abrazo desde esta Montevideo que esta empezando a amarillear. Ya me quedan pocas horas para caminarla. El lunes... vuelvo a Denia. Un abrazo enorme y siga disfrutando.

Menta Ligera dijo...

1) Siento como si hubiera comido la milanesa...
2) Si, esta mal

Hurricane dijo...

Esos bares típicos de barrio son impagables, de la época en que el azucar era en daditos...
Me hiciste acordar al antiguo y roñoso Canadian de San Juan y Boedo, que no tiene nada que ver con el moderno, turístico y aséptico bar que hay hoy allí
Saludos!

Guillermo dijo...

si la milanga hubiera esta rica no dudaría de que el establecimiento en cuestión es nada más ni nada menos que "La Buena Medida" en BsAs esquina Rioja.

Luciano dijo...

Así es, La buena medida era nomás che.