High fidelity


Un tipo inventa una máquina que es capaz de reproducir dado un texto los sonidos ambientes del momento en el que se escribió. Le presenta el invento a un inversionista y el tipo escanea un libro de Bucowsky, lo tienen que parar porque es un quilombo de botellas, minas gritando y carreras de caballos.
Pasan uno de Cortázar y quedan bostezando con el repiqueteo de la maquina, los maullidos de gato, el jazz y el canturreo de una mujer hamacándose en un sillón de mimbre.
Pasan uno de Julio Verne y se escucha una pieza liviana en un instrumento de madera que se expande, un relincho, cascos resonando sobre el adoquinado, uno de Salgari y no se escucha nada salvo el crepitar de una vela que se inflama y arde como una fogata en medio de la selva, uno de Shakespeare y se escucha una cacofonía mezclada de aguas turbulentas, mil fuentes instantáneas desagotando en un pozo lejos del mar, ponen uno de Borges y se escucha la voz que dicta, tango, una comparsa, el martilleo del tráfico, más lejos el fútbol y un suspiro.
Ponen uno de Boris Vian y se matan de risa una docena de testigos invisibles, ponen uno de Fontanarrosa y se escucha la radio, fútbol, unas puteadas, un timbre y un coro atropellado de voces, ponen uno de Conrad y se escucha el mar, gaviotas, una ventana que se cierra de un golpe y una voz en polaco que canturrea el color del mar Báltico, ponen uno de Quiroga y se escuchan gallinas, una jauría aulladora, como mil patas de insectos arañando el entablado y una tormenta reventando sobre el Paraná, uno de Galeano que es constantenemente interrumpido por el timbre de la puerta o del teléfono, uno de Hesse que suena inesperadamente brusco pero adolescente y apasionado, uno de Soriano que suena a una noche cualquiera en Argentina, uno de Poe, somnoliento y apagado como una siesta en invierno sólo interrumpida por el tintinear lubricado de una botella contra la boca de un vaso.

Ponen uno de cada tipo y de cada mina que van encontrado y a veces se sorprenden y las más veces no, pero aprenden como suena el griego clásico y siguen con la cabeza el ritmo de una Moscú que se mueve en trineo cuando es invierno, hasta que el inversionista se despabila y con el rostro iluminado saca una hoja amarillenta de adentro de un cajón con un poema largo y desdentado escrito a mano y la escanea, el aparato parpadea, se escucha la radio, a lo lejos la puerta plegadiza de un ascensor, un teléfono que suena, una voz de mujer que responde y dice "ya se fué" y al momento una voz potente exclamando "acá llego el sodero mamuza, adónde hay que poner la burbuja que vengo reventando!?"


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De cuánto le hago el cheque, dijo?

9 comentarios:

Lord Greystoke dijo...

Me gusto esta.
Muy buena.

Galo dijo...

HdP, que buena! Y que ganas de releer Nostromo me entraron.
"Mamuza", jaja, "que vengo reventado". Me voy a dormir contento con esto ahora.

Galo dijo...

Ah, que si, en casa se ve bien nomas todo.

Tamara dijo...

"uno de Poe, somnoliento y apagado como una siesta en invierno sólo interrumpida por el tintinear lubricado de una botella contra la boca de un vaso"
Muy bueno che...
Ahora, interesante, peligroso el invento...

Marian dijo...

Buenisimas las descripciones de cada libro...
El final, un poema...:)

Luciano dijo...

Lord: al fin una, bajame los estandares.
Gracias.

Galo: je, dan ganas de leer, espero que duren.
Todo bien en casa, te mando los planos de la máquina? :P
Gracias por disfrutarlo.

Tamara: gracias, ese fué medio de refilón, pero va con Poe creo.
Peligrosísimo.

Marian: gracias piba. El final podría haber sido un clásico asesinato pero así es más humano y cercano, quién no tiene un sodero cerca...

amelche dijo...

A mí me gustaría saber lo que se oye a tu alrededor cuando escribes los posts. :-)

Muy bueno, como dice el Lord.

Blackant dijo...

Extremedamente creativo, Un poco de aire fresco.
Y si ponés un pasaporte a escanear?

Malen dijo...

PUBLICABLE! Muy bueno esto!