Sacrificio del tiempo.


Dos hermanas, impulsadas tal vez por la monotonía de la geografía, o el aislamiento, o el clima, juegan a contarse los sueños de la noche anterior. Esperan hasta la hora de la siesta y recostadas sobre un piso de madera hacen el esfuerzo de reflotar los restos de los recuerdos naufragados en los desgastados arrecifes de cada mañana.
Al principio pierde quien no recuerda, pero el refinamiento de una técnica inconsciente pronto diluye esta regla inútil. Los sueños se hacen más vívidos para competir en originalidad y fantasía, pero no más prolongados, porque es imposible crear más tiempo.
Una de las muchachas comienza a sospechar que su hermana miente o, mejor dicho, que crea. Intuye que los sueños son meras narraciones incompletas o desorganizadas de un mito. Se cuelan objetos inexistentes de los que sólo se puede intuir su función y forma, otros inclasificables que no pueden obedecer a ninguna necesidad humana. Gradualmente asiste a la creación de un mundo separado del propio del que adivina una línea temporal que se desgaja y serpentea para caer en espiral sobre sí misma.
Antes del ultimo amanecer, envuelta en una luz tenue y violeta, termina un decepcionante y breve sacrificio de asfixia. Aliviada descansa los músculos y respira de nuevo profundamente. 
Nunca sabrá si ha matado a un monstruo o a un dios.

La cosa es así.

1) Estamos en alerta naranja, en cualquier momento nace el segundogénito. Y no va che nomás que se me rompe el celular y el otro viejito que tengo está bloqueado. Así que voy a un negocio donde arreglan cosas electrónicas, la nueva onda en Irlanda ya que ahora se piensa de nuevo tres veces antes de tirar algo, y me dicen que en una hora me lo desbloquean y en tres días me arreglan el otro. Y no, todavía sigo esperando y sin teléfono.

2) Sin teléfono hice tiempo. Caminé por la peatonal, miré guitarras, escuché a tres chinos atroces aporrear un teclado al son del evangelio y escapando me tomé un café para mitigar el fresquito en el cráneo pelado.
Me sentí incompleto, no tenía manera de reportarme ni de ser comunicado ni tenía una cámara portátil con la cual sacar una fugaz instantánea. Tenía unas monedas, un palito de chupetín y unas llaves, como cuando no tenía nada. Será que el teléfono es como un yugo de tantas oportunidades que nos dá?

3) Invierno templadito, se me está haciendo demasiado corto, los días se alargan notablemente. O tal vez mi corazón late demasiado rápido ahora.

4) Me corté el pelo a lo moderno para poder salir rajando llegado el caso y no tener que acicalarme las trenzas ni ponerme Glostora Ultra 3000 con litio.

5) Sabían que la revista Billiken se llama asi por un muñequito famoso en EEUU del principios del siglo XX que se supone trae buena suerte, una especia de Ekeko anglosaxón?
Lindo dato para la cena en el sindicato de Plásticos.



Mijito.


Pobre mi hijito que duerme y no tiene nada, no tiene nada en las manos, duerme aferrado a nada, sube y baja su pecho respirando nada y tiene los párpados cerrados como si pesaran nada y no hay luz que lo despierta mientras se escarchan las ventanas. Es pobre y chiquito mi hijito que duerme y aprende todas mis palabras.

De fin de año.

Para distinguir el sueño de la vigilia basta con soñar involuntariamente con una abundante nevada, antes de moverse hacia un ámbito más calido intentar comprobar si todos los cristales son de hecho diferentes entre sí. En un sueño no lo son, se repiten cinco o tal vez siete formas básicas ilustradas hasta el hartazgo en ciertos de artículos impresos. Lo mismo con un plato de arroz, es el mismo grano superpuesto, tal vez con suerte se interponga un grano agujereado y perlado mezclado con el resto. Lo mismo con las pecas sobre los hombros de una mujer, lo mismo con las manchas del leopardo de lengua áspera que nos acaricia la palma de la mano, o los pasajeros de un colectivo atestado que ya hemos visto cientos de veces o son los mismos del día de aquel trámite abortado porque todas las páginas eran las mismas y nos faltaba el sellado.
La única forma de abrir los ojos a la vigilia es prestar atención a los detalles, a las palabras que usamos, si nos repetimos, si nos condicionamos a escribir en círculos, sin detalle, si nos repetimos, si nos reiteramos y abusamos, si nos faltan las palabras para describir y nos condicionamos y volvemos a decir lo mismo en un alfabeto sin vocales basado en las formas de cinco formas conocidas de cristales de nieve que cae involuntaria sobre la ventana.

Breve crítica a "El fin del mundo".

En una puesta en escena anodina y con un evidente empaque visual donde son evidentes las limitaciones de la producción por sus pobres y decepcionantes efectos visuales, sin planos remarcables, frecuentando la reiteración y la chatura, se desarrolló el último fin del mundo.
Desaprovechando la tensión y la expectiva previa a su estreno los realizadores abundaron una vez más en una producción poco atractiva sin mayores estridencias, salvo en elgún remoto lugar pérdido de la geografía argentina.
En suma, opaco entretenimiento, algunos hallazgos mínimamente interesantes en materia de protagonistas pero sin exigir demasiado el director a sus actores y con una evidente falla en el equipo de guionistas.
Absoluta falta de pretensiones y personalidad, poca clara proposicón de meta narrativa y muy lejos de estar a la altura del último referente conocido, el tan temido y mencionado Y2K.