Locademia

Confieso que he recibido una educación clásica.
Por clásico se tiene el montar, manejar la lanza, el arco, aprender a escalar murallas o hacer máquinas de guerra de acuerdo a la ciencia de los antiguos, la esgrima, el discurso, la oratoria,
las lenguas del imperio romano y de los sabios griegos.
Pero en lugar de caballo me dieron bicicleta y en lugar de lanza una caña mojarrera, en lugar de espada un palo con medio tarro de lavandina por guardamano con sus gavilanes y la flexibilidad atlética y la dureza de carácter nos vino por añadidura y al dormir en carpa.
De la escuela de instrucción ciudadana lo único que aprendí fué a no aprender nada, discernir
la patria tras un manto de mentiras y, a lo único que rescato, organizar resistencia y templar mis
habilidades de púgil peleando contra Rodone y el gordo Sabate. Que no todo lo que es inútil no sirve para nada, convengamos.
Todo ese embrollo imposible de la geometría, la aritmética y otros galimatías de aparente inutilidad inmediata llegó a su debido tiempo en el colegio secundario.
Las lenguas extranjeras son tema aparte pero siempre sospechamos que ahí afuera había gente muy rara hablando atravesado, por lo menos en dialectos peninsulares.
Sin embargo se puede ser hidalgo sin tener nada, todo lo que uno es viene de la mente y la imaginación templada en la palangana de la lectura, y la de los otros que están alrededor o a los lados, porque detrás de este telón estamos todos, que en este caso fueron mis hermanos los otros académicos en fila.
Así nos forjamos armaduras con las partes de un lavarropas viejo, el yelmo con la carcasa de una soldadora abandonada (espero) y la última terraza fué almena, refugio en tiempos de castigo, atalaya del barrio si no la más alta por lo menos la más guardada. Y unos oxidados hierros para la construcción se convirtieron en elegante arcos que apenas silvaban porque ni para el retornado Ulises hubiera sido fácil tensarlos.
También leiamos Condorito.

Está despedido.

1) Lo de ayer menciona un hecho sucedido hace muchos años. Sin embargo ese momento se ha alojado en el podio de los recuerdos. Vuelve siempre como vara de mi mano más autocrítica a medir la profundidad de mi fracaso.
Nada más que eso.


2) Estamos como locos con María Inés, ya nos llamaron de una empresa de colectivos para diseñarles los boletos.
Otra colaboración en Ojos de Mermelada.
Si les cae pesado me avisan eh, le ajusto las tuercas al responsable de la programación.


3) Otros separados al nacer. Luciano Nielsen vs. Leslie Miguens. Por eso no progresan las cosas, esto ya no es serio.

Lo que dicen los otros

Cuando te suponen y piensan, te pre piensan, estúpido o de poco valor, duele. No sé por qué, es así. Es como cuando hay grupo y no te dejan jugar a la pelota o te mandan al arco. O te dicen que no sabés, no entendés o te hacen entender que no estás a la altura, te falta inteligencia, educación, refinamiento, capacidad.
Admiro a la gente impermeable a esos ataques. Detesto a los cerdos elititistas de cualquier tipo pero especialmente a los intelectuales porque entre humanos duele que te digan que tenés el cerebro corto.
Eso es así desde el día en que alguien me sacó mano por leer a Julio Verne en lugar de estar leyendo cosas más comprometidas.
Sospecho que leen La Isla Misteriosa debajo de las sábanas con una linterna.

St. Domnick's well

1) Sábado de calor. Tenía dos opciones, limpiar el depto o salir a dar vueltas sin sentido con el auto y perderme al azar por los caminos secundarios y terciarios de la campiña alrededor the Athenry, el pueblo del rey. Opté por lo segundo ya que la mugre puede esperar y siempre retorna pero el sol uno nunca sabe. Perdiéndome encontré una de las tantas "holy wells" que existen en Irlanda a las que se les atribuye poderes milagrosos.
Esta es la de Saint Domnick y los alrededores son una joya, suaves colinas alfombradas, arboles solitarios, una que otra vaca a la distancia, villorrios que son apenas grupos de casas y la fuente en si muy bien preservada para solaz del eventual visitante.
No tengo idea de cual es su poder curatorio ni su historia porque no he podido encontrar nada al respecto y después de hacerme unos buches, lavarme los sobacos y echarle agua al radiador sigo siendo el mismo salame de siempre y el auto me levanta temperatura igual.
Así que nada, se le venció el agua al santo.

2) A mi este 25 de Mayo no me inspira.

3) Coso, este que, viste, nuevo post en Ojos de Mermelada con ilustraciones a cargo de María Inés, ilustradora estilista y un inservible servidor quien se despide hasta la próxima.

Espino blanco, espino amarillo.



Ayer se empezó a ver un aura blanca sobre los verdes y renovados arbustos y colinas a los lejos. Florecieron los whitethorns de un día para el otro y parecen coliflores espinosos en una sopa de bróccoli.
También floreció la otra especie de Tojo o Gorse o Furze haciendo de algunos descampados una maravilla amarilla ondulante. Pájaros y conejos andan como si fuera el fondo del mar y yo un Jacques Cousteau de tierra firme. Algunas burbujas me salen.